Ay, la amistad, ese animal

Con frecuencia me ha pasado considerar que alguien era amigo, amiga, para después darme cuenta que debí callar más, puesto que no había amistad, tan solo un simple encuentro en un espacio y tiempo, un apretón de manos donde las líneas no se juntan, no se enfrentan ni se adaptan, solo se rozan, así, sinSigue leyendo “Ay, la amistad, ese animal”

Yo te pago, pero no me engañes

Hay una escena de mi vida que cuento con frecuencia, quizás por lo bien que quedó rodada. Falto de todo conocimiento e impulsado por ver que una igual lo había hecho, decidí autoeditarme mi primer libro, La Vespa amarilla. Yo tenía 21 años, una hermana mayor con dinero que prestar y sabía de una imprenta.Sigue leyendo “Yo te pago, pero no me engañes”