La Vespa amarilla (2009)

La ducha

La ducha, sin nosotros, no es la misma.
Escucho su tic-tac de reloj de agua,
impaciente como el despertador
que me grita porque he dormido solo,
y las sábanas pesan como un mundo,
y fuera hace un frío de desagüe…

Ya te digo que la ducha no ha vuelto
a ser la misma desde que te fuiste,
que sólo acuden a ella viejos verdes
como musgo sobre tu piel de piedra,
de sirena de cloro y agua de grifo,
vaso para mis labios y su sed.

Y yo tampoco soy el mismo sin ti,
y hasta la factura del agua cambia,
haciéndose más pequeña en tu ausencia,
como todo. No sé si aguantaré
más tiempo sin ducharme, con olor
a esposo abandonado. Vuelve pronto.



Semana

Dos árboles se están amando en este
parque, yo los observo en su tristeza.
Lejos uno del otro van muriendo
(en una parsimonia que los mata)
esperando a la lluvia que los una
con su don maternal en un abrazo
de ramas encontradas con urgencia.

Aquel de allí, el de la silueta frágil,
bien podría llamarse como tú,
probarse los vestidos que te pruebas
(sola, de mil en mil frente al espejo)
para que antes del día que no llega
sepas que llegará como imaginas.

¿Qué jardinero pudo ser tan cruel?
¿Quién es el arquitecto sin entrañas
que nos edificó en urbes antípodas?
Aquel de allí, el de la corteza dura
bien podría llamarse como yo.

Con mi nombre y mi voz (que son lo mismo)
preguntaría qué hay de diferente
entre dos árboles que se aman cerca
y dos personas que se quieren lejos.

Mueve el viento sus ramas, no se tocan,
no existe la esperanza sin su roce,
se me astillan los ojos de mirarlos.

Dos árboles se están amando cerca.
Dos árboles se están amando lejos.

Nosotros esperamos igual que árboles.