El extraño que come en tu vajilla (2012)

Imagen y semejanza

La cara de mi padre tiene boca
y demás utensilios para el gesto,
pero igual que la mano que acaricia
pasa a ser mano del acariciado,
su rostro frente al mío es también mío.

Y es que tiene razón nuestra vecina
cuando dice que el tiempo venidero
—que como todo tiempo
no viene sino va—
colocará mi ficha en su casilla.

Pero no se refiere al jaque mate,
ella habla del parchís,
de mis pies vendimiando muchos días
hasta alcanzar otro color, su boca,
de mi padre obligado a estar en casa.

No escribo este poema por mi miedo
a tocar las arrugas sin tenerlas,
pienso en la angustia de mi padre al verme,
tan joven, tan idéntico a él, ocupando
la edad que ya tuvo, quizás su cuerpo.



Mudanza

En la vajilla pone made in China
pero en el tintineo de los platos
yo escucho Barcelona
como se crea el mar
cuando tú lo pronuncias y las olas
bañan al ermitaño de mi oreja.

Pero no arrastras una ciudad, traes
los brindis peligrosos de otros tiempos,
porque no son las copas de cristal
lo más frágil del choque,
sino el cristal de las promesas hechas,
la sangre en las líneas de la mano.

Soy el extraño que come en tu vajilla,
el náufrago que muerde a la ballena
después de ser comido,
al que sirves los huesos de aceituna
descarnados que forman tu memoria.
Te has mudado a mi casa, sé mi casa.